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viernes, junio 17, 2011

Irredento Urbanita

El libro más largo del mundo


Estoy leyendo el libro más largo del mundo, llevo, si no recuerdo mal, aproximadamente más de ocho meses cargando el bendito libro para todos lados y aún no logro terminar de leerlo y sentir esa plácida y a la vez sublime sensación que me atropella cuando acabo de leer una novela. Algunos problemillas y una que otra distracción han frenado mi ímpetu de lector interesado y vehemente. Este libro de marras se ha convertido en mi compañero, en mi cómplice, en el más fiel de los amigos. Nunca me ha reclamado nada y nunca ha expresado epíteto descalificativo contra mí, ha estado callado la mayor parte del tiempo, excepto cuando lo leo. Es supernoble, en momentos difíciles, cuando mi cabeza estaba infestada de preocupaciones, intentaba echarle un vistazo, leerlo de soslayo sin entender palabra alguna por culpa de mi estúpido pero involuntario desinterés. Cuando todos estos obstáculos me impedían leerlo como se debe, nunca se ha resentido, ni me ha mirado mal, ni me ha dado la espalda, y cuando me ha dado la espalda ha sido para leer su contraportada y recordarme lo interesante que es su trama y lo adorable que es el autor, todo en breves líneas de reseña.


¡Cómo dejar de lado un libro que me ha hecho sentir cosas idénticas a las que sintió el autor en su momento pero ambientadas en lugares muy ajenos a los míos! Este libro ha pasado a ser una especie de paño de lágrimas, un hombro en dónde llorar, siempre estaba allí, guardadito en mi bolso Dockers tipo vintage que me regaló mi hermana hace un año. Ha tenido diversas compañías, se ha rozado con todo tipo de mudos personajes que nunca estuvieron a su altura, vecinos de viaje tales como mecheros, cajetillas de cigarros, folletos de librerías, flyers de restaurantes, caramelos y celulares de medio pelo, para ser exactos mi celular Android que falla cada dos por tres y se apaga o se reinicia solo, sin que sea obra de algún espíritu santo, y un celular Sony que toma las fotos más misias del mundo, casi casi se podría decir que son fotos de un píxel de ancho por un píxel de largo y mi rostro aparece en la pantalla de ese celular como un cuadrado color carne, poco más.


Así que a fuerza de desidia y de ansias de querer llevar siempre un libro en una mano, y por supuesto mi cámara fotográfica en la otra, este libro anaranjado forrado con una delgada capa de plástico -costumbre que tenemos en Perú pero no en España con el bien conocido Vinifán (¡Vinifán jai!)- nunca ha sucumbido a la tentación de deshojarse ni de ajarse. No me traicionará, eso espero. Quizás otro libro sí lo hará, curiosamente creo que el libro que me traicione no será un libro ajeno sino un libro que yo mismo escriba, me traicionará sí, a sabiendas del libro, con ingenuidad mía. Este libro no me ha hecho perder amigos pero ha sido cómplice de encuentros cercanos muy cercanos, testigo de mentiras piadosas y de mortales frases salidas de labios delgados y complicados. No han faltado las circunstancias, aquellas en las que me he quedado a solas, totalmente a solas, en el tren de vuelta a casa y he hablado menos que el libro, con una mudez alrededor mío que me decía que mis victorias en estos dos últimos años han sido literalmente pírricas, tanto que no sé si valieron la pena. Ahora mismo observo mi libro y digo que sí, qué importa que hayan sido pírricas las victorias, lo que importa es que hayan sido victorias.


Al fin y al cabo hay tantas derrotadas con maquillaje victorioso que logran engañarnos, que logran engañarse a sí mismas frente a un espejo que cuesta pero no vale.


He recorrido las calles de Perugia, los barrios de París, los carrers de Barcelona (en este caso los he recontrarecorrido) por culpa del personaje del libro, un tipo tan distraído como nostálgico. No me sorprendería que ahora mismo en una entrevista revelara que no recuerda haber escrito esa novela que ahora yo paseo por las calles de Barcelona en mi bolsito, calles que incluso, y esto es bueno aclararlo, son las mismas que él recorrió en aquel entonces cuando, enamorado de “Inés del alma mía, luz de donde el sol la toma”, comenzó a desarrollarse el engendro de un literato genial.


Cuando veo la tele y veo a la muchachada española reclamando en las distintas plazas mayores de las principales ciudades de este país, veo que es fácil ser ‘anti’, lo difícil es ser ‘pro’. Mayo del ‘68 sólo habrá uno, así lo veo yo. Este mayo con M de Madrid no sabe a dónde va. ¿Mayo? ¡Mayo el de París! Aquel ‘68 una incontenible revolución sacudió el mundo. No lo hizo entrar en razón, lo hizo entrar en corazón. Basada en el amor y la solidaridad como armas para romper las reglas, mayo del ‘68 fue la revolución que igualó a las gentes de todos lados, todos fueron parisinos, todos fueron sudamericanos, todos fueron lo que quisieron ser, ser diferentes, ser el otro, eso fue lo que igualó a los miles y miles de actores anónimos. Yo debí nacer el ‘68, no debí estar en la revuelta, pero debí nacer ese año, mis padres se tardaron ocho años, no fue culpa de ellos, ni mía. Mi bendito libro anaranjado, este que llevo ocho, quizás nueve meses en leer, se ha convertido en el libro más grande del mundo, no por contener miles de páginas sino porque lo leo a cuentagotas, cuando las lágrimas me lo permiten, cuando el olvido me ataca.


Es este bendito libro anaranjado forrado con una especie de Vinifán fue el que me mostró una visión diferente de mayo del ‘68, en aquel entonces el personaje principal se enamoró temporalmente de una norteamericana, hizo un paréntesis en su amor a Inés para amar por unos meses a una gringa que se cepilló a medio París, por solidaridad, por amor, porque era una creyente en la revolución y una mujer que pagaba con su cuerpo las culpas de su cruel país. Sí, las hay de las que se acuestan para pagar culpas y penitencias de todo un pueblo, heroínas que destierran el alma por un buen rato para regalar su cuerpo a los más necesitados. Algo muy exagerado, tanto como la vida de Martín Romaña.

valerybazan@gmail.com


viernes, enero 09, 2009

El Irredento Urbanita

Bryce sin Barcelona

Quiero entrevistar a Alfredo Bryce Echenique. Contarle que hace años yo vivía en la misma calle donde él vive actualmente. A diario solía entrar y salir del Jirón Sepúlveda número treinta y cinco, tercera planta, puerta dos, en una habitación de seis metros cuadrados. Deseo tanto decirle que, sin saberlo, he pasado por delante de esos bares donde él solía ir a beber, socializar y, de nuevo, beber.
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Esos bares donde él parió Las obras infames de Pancho Marambio. Hacerle saber que yo vagabundeaba, después de trabajar, por esa poblada vena barcelonesa que es la Gran Vía de Les Corts Catalans. Deseo tanto tener la suerte de mi hermano que le encontró, caminando cogido del brazo de su amada sin huerto, por Las Ramblas e ipso facto provocó en mí una nostálgica envidia. Preguntarle aquello que no debo preguntarle, interrogarle, con desparpajo y sutileza, si en realidad plagió textos de otros autores para construir sus artículos en diarios de gran tiraje. Si es cierto que utilizó con frivolidad y fruición las opciones copiar y pegar para elaborar sus artículos, prometo creerle, a ojos cerrados, lo que usted tácitamente sugiere: que todo fue una venganza de Montesinos y Fujimori, luego me dispondré a canonizarlo en la, hasta ahora, vacía gruta de mi santuario literario y finalmente escribiré en las pistas de Barcelona y Lima, con tiza blanca y arropado con un guardapolvo azul, que todo fue un complot contra el más grande de mis semidioses.
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Pero, volviendo a lo importante, no reparo en decir con sinceridad, que la entrevista no será una pasada de franela como la de la terceraolista Rosa María Palacios a Mario Vargas Llosa. Ni tampoco me atrevería a lanzarle un aluvión de preguntas punzantes al entrañable amante de potentes desayunos ingleses, amiguísimo de sus amigos, eterno mimado Julius y adorable ladrón de recuerdos de infancias propia y ajena, Alfredito Bryce de Mancini de Gerszo, además y también. Le contaría que, al igual que él pero por distintas razones, decidí no tener hijos, hasta nuevo aviso, hasta nuevo salvavidas. No es que no quiera, es que no puedo. Mis espermatozoides responden a los requisitos de paternidad, al menos éso creo, pero mi cuenta bancaria no me lo permite, la cantidad de ceros me limita. También pondría en la mesita de centro, una pregunta estelar, algo que desconozco mayormente. ¿Es leyenda urbana o realidad éso de que llegó a Francia como polizonte en un barco? Le pediría que me muestre una foto de su madre, la cual nunca publicaría, la cual nunca olvidaría. Le pediría me explique cómo ahora, a estas alturas de la vida, se ha dado cuenta que le gusta Madrid y no Barcelona para escribir. No le veo en Madrid, en el Parque del Retiro se sentirá incómodo. Será un poeta más.
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En cualquiera de sus verdes rincones uno da una patada a un poste y caen veinte artistas buscando inspiración. La pelea de duendes estropeará el ambiente, le desconcentrará y las novelas le saldrán descuadradas. ¿Estará aburrido quizás del Parque de la Ciutadella, no le gustará su vista hacia el Arco del Triunfo? El triunfo o el recuerdo del mismo es un incordio para los verdaderos vencedores, una piedra en el zapato de los genios, eso lo explicaría todo. Seguiré buscando la forma de importunarle, la manera de acorralarle, para arrebatarle algunas respuestas, para admirarle en silencio mientras le interrogo, mientras le desmenuzo los adjetivos y le leo entre frases dichas al viento. Seguiré buscando la manera en que, tras esa entrevista imposible, pueda abrazarle como nunca he podido abrazar a mi padre y agradecerle por la infancia que me hizo vivir con unos cuantos libros, cuando yo ya era grande. Quiero entrevistar a Bryce, no sé si podré, no sé si él querrá.
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valerybazan@gmail.com

Publicado el lunes, 25 de agosto del 2008 en www.noticiastrujillo.com en la columna Irredento Urbanita.

martes, diciembre 09, 2008

Irredento Urbanita

Julio 7
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Llevo dos semanas en Trujillo. La primera semana no sentí el sabor de mis comidas favoritas pero he intentado disfrutar de la compañía de mis amigos o eventuales compañeros de almuerzo o cena. Ayer nadie me acompañó por la noche. Mi padre ya estaba en su cama viendo televisión y cenar solo es un atentado contra el apetito. Fui al Oviedo a comer mi postre favorito. Fue el Pecado de Lúcuma más largo de mi vida. Lo comí con los ojos cerrados, lo disfruté. Lo de comer con los ojos cerrados me lo enseñó una gran amiga que tiene mala suerte en el amor. Quizás, además de comer con los ojos cerrados también besa con los ojos cerrados, también ama con los ojos cerrados. Encontré en ese instante una causa para explicar su mala suerte en el amor.
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Sentado junto a la mesa, y acompañado de tres sillas vacías, abro los ojos tras ese trance con la crema de lúcuma y siento que alguien me observa. Era una mujer, roza los cuarenta años, sus dos amigas parlanchinas no paran de hablar sobre temas intrascendentes. Son tres en su mesa pero yo la veo sola. Ella acota al chisme pero sin convicción. Está sola. Mientras muerde lentamente su casi desaparecida hamburguesa detecto que los platos de sus compañeras rebozan de comida, no han probado nada, se han atragantado de palabras. Paso de mirarlas más. Un camarero con un café en la mano, idéntico a Tulio Loza en sus mejores épocas, pasa por mi lado, buenas! me dice y apura el paso. El receptor de ese café es nada menos que el padre de un amigo mío. Don Javier qué tal?, estuve a punto de saludarle. Pero algo me detiene. Es su soledad. Le veo cómodo con La Industria extendida creando un círculo a su alrededor. Estuve a punto de ir a su mesa y acompañarle con un café. Él tiene más de cincuenta años, ¿de qué hablaríamos? Soy tan amigo de su hijo que podría contarle más cosas de Javier hijo que él a mi en todos sus años de padre. Creí conveniente y saludable no saludarlo.
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A diferencia de mí, todos los camareros lo conocen. Pero también está solo, cómodo pero solo. Yo no estoy incómodo, pero tampoco estoy cómodo viendo soledades ajenas. Me siento menos nostálgico pero entretenido, soy un observador empedernido, y en ocasiones un voyeur sin remedio. En este limbo, siento que mirar las soledades de los demás reconforta, de alguna manera mengua la nuestra. Mejor mirar una tragedia que vivirla.
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Cuando vuelvo a casa por la noche oigo a lo lejos la televisión encendida y un ronquido prolongado pero repetido en el cuarto de papá. Apago la luz de la sala que papá había dejado encendida para advertir a los ladrones que hay gente en la sala cuando en realidad no había nadie. Voy a mi cuarto a oscuras, me estrello dos veces, una con una columna y la otra contra la mesa. No me preocupo, soy tan distraído que igual me chocaba si las hubiesen estado encendidas. Tiro mi ropa sobre las maletas contribuyendo al desorden en esa habitación con vista hacia un muro de ladrillos naranjas. No soporto el silencio, prendo la radio, oigo las cursilerías de la locutora de Radio Ritmo Romántica y me gustan. Recuerdo por un instante al padre de mi amigo y a la mujer de amigas parlanchinas, me apiado por un momento de ellos. Apago la luz sin apagar la radio, me gusta dormir así. La locutora anuncia la siguiente canción, se llama Mi soledad y yo. En ese instante comencé a apiadarme de mí.
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Publicado el lunes, 18 de agosto del 2008 en www.noticiastrujillo.com en la columna Irredento Urbanita.

jueves, diciembre 04, 2008

En la planta de tus pies

Ven conmigo a este lugar

No soy de editar vídeos. Pero quise experimentar. Con algo de simetría, una pizca de criterio y mucho pero mucho sentimiento, pude unir mis fotos con una canción especial en mi vida: En la planta de tus pies, de Alejandro Sanz. Espero que lo disfruten.

domingo, marzo 16, 2008

Un lugar llamado volver


PENSANDO EN ESE LUGAR LLAMADO VOLVER
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Mientras me servía un vaso de Pepsi, añoraba el amarillo e intenso sabor de una inca kola. Mi hermano compró ayer dos latas de la bebida de sabor nacional, pero de capital y ganancias norteamericanas desde hace algunos años atrás, y las refugió en la despensa sin mucho esmero, bastaba con girar un poco la cabeza y ver asomar ese metal dorado con burbujeante ansia en su interior. Alex no necesita decir que no nos acerquemos a sus gaseosas, frunce el ceño al introducirlas y mira a los costados con el rabo del ojo. Mi madre pasa a mis espaldas con el rostro endurecido pero un disimulado ceño sin fruncir, ella repite ante nuestras miradas interrogantes que no está enfadada. Nadie le cree. Añoranza de Perú diría yo, extraño Trujillo diría ella. Pero un domingo por la mañana se me hace difícil entender un enojo, por más que tres nostalgias entren a la cocina por la campana extractora cual topos de una retrospectiva
blanquirroja. En Perú estaría viendo alguno de esos programas periodísticos matutinos de los domingos, sorprendiéndome una y mil veces de la excesiva fama que los cantantes de cumbia han alcanzado en todos los niveles sociales del país, viendo la crónica de accidentados y muertos en la madrugada de este domingo de Ramos sangriento, observando al extasiado reportero admirar el bronceado de mis compatriotas en la Costa Verde pero imaginando, por mi parte, un Huanchaco multicolor con olor a papa rellena y anticuchos a las seis de la tarde con pizcas de sal y arena.
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El asunto es que ahora estoy acá, sin la resaca de todo lo vivido en año y medio que llevo fuera de mi tierra. Vallejo, deberías saber lo mucho que te adora Sabina, cuanto te añora Bryce y lo demasiado que te busco en las librerías de aquí. La ojeriza de los Santa María a tu memoria ya la conoces, es algo que te hace reír en ese París azul y donde te deben haber dado ya las llaves de la ciudad, en ese Santiago de Chuco que no es más que un poyo cómodo e inmenso donde tú y tu hermano, cómodamente sentados, sonríen, quizás él más que tú. Veo algo de Vallejo en Bob Dylan, quizás te leyó… y los demás que aguanten. Los liberteños les perdonamos la envidia.
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Las inca kolas siguen en pie, a oscuras en ese triste estante, esperando el almuerzo de mi hermano y la envidia de los demás comensales. Una inca kola bebería un domingo en la tarde en mis Trujillos, iría al que fue el cine Primavera, el único cine que sobrevivió a la masacre causada por el betamax y luego el vhs. La acompañaría con canchita –palomas de maíz para que me entiendan los no peruanos- y estaría puntual para la función de matiné. Buscaría mi zona favorita, ubicaría el corazón del aforo y tiraría un poquito a la derecha. Le mordería la oreja y susurraría en los oídos de mi niña alguna frase dulzona y cursi mientras la comedia romántica está en un momento poco intenso, cogería su mano y sabría que recordaré ese afiebrado e inmortal instante cuando nuestro amor haya terminado y ella camine fingiendo sobriedad de la mano de otro.
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Porque todos queremos volver a esos lugares, no al sufrimiento -en la mayoría de los casos- pero sí a los lugares donde lágrimas y sonrisas se hicieron hermanas, amigas y cómplices en el silencio. Pero sobre todo queremos llegar a ese lugar llamado volver, escala obligada de nuestras vidas, y aunque físicamente no pisemos la tierra de origen, nuestra memoria, nuestro presente y nuestro mañana suelen visitar muy a menudo ese destino que, finalmente, habita dentro de nosotros y nos mueve a la tierra que nos vio dar los primeros pasos del vivir. Nos lleva, querámoslo o no, nos lleva despiertos o dormidos, nos lleva... y a veces, cuando se le da la gana, nos hace tomar un avión.
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Soundtrack: “OAM’s Blues” – Aaron Goldberg

miércoles, enero 02, 2008

Reclamo de un homo videns


Los Sordos

Foto: Afiche de los periodistas encargados de la sección La Contra en el diario La Vanguardia a quienes admiro.


Los sordos

Ten cuidado con los sordos
pegan fuerte
y chillan de sobra.
Estos sordos…
te juran erudición
y te arrancan el origen.
Ten cuidado con los sordos
Son bullangueros por complejo

Usan cámaras
y amarran su carnada-verdad
cual leona con sus cachorros.
No intentan caminar,
correr les duele
y pensar los estresa.

Sufren de miopía mental
y de estrabismo en el criterio.
Tienen el rostro límpido,
los ojos certeros
pero la lengua no es de ellos
y sus palabras tienen esa intención…
Sí, esa intención.

Oyen lo que no dices
desoyen lo que es.
Usan traje de certidumbre
para el ultraje de gentes.
Usan gafas de estafa
para evitar el sol en tu mundo.
Estrenan olfato a diario
pero huelen lo de siempre.

Deshojan margaritas
para elegir el día
en que desojen tu mirada.
No queda más…
no restes minutos en ellos
igual saltan sobre la masa
en su mesa y sobremesa .
Abre un ojo al menos
y cierra un oído,
aquel que les apunta.



Foto y texto: Valery Bazán Rodríguez
Todos los derechos reservados.

lunes, octubre 08, 2007

Feria Internacional del Libro Barcelona. Invitado de Honor: Perú

Príncipe Felipe inaugura Feria Internacional del
Libro de Barcelona desde stand de Perú




Valery Bazán Rodríguez, corresponsal en España
valerybazan@gmail.com

  • 35 editoriales peruanas participan en exitoso encuentro del mundo del libro.

En un atractivo stand con motivos peruanos, material audiovisual y una rica muestra de producción editorial de diversos tipos se inauguró la 25ta Feria Internacional del Libro Liber en la capital catalana ante la presencia del Príncipe Felipe de Borbón, el Presidente de la Generalitat José Montilla y el Ministro de Cultura César Antonia Molina.


La muestra editorial expuesta en los escaparates del stand peruano abarca cuentos, libros de turismo, literatura andina, literatura costeña, gastronomía, entre otres, todos ellos provenientes de treinta y cinco editoriales nacionales que pugnan por ampliar su mercado con grandes editoriales y distribuidoras extranjeras.



“La literatura peruana tiene un producto literario diferencial en cuanto a contenidos y temas con respecto a otros países latinoamericanos por eso nuestro objetivo es presentar la oferta editorial español e internacional” manifestó Liliana Minaya administradora de la Cámara Peruana del Libro a Noticias Trujillo. Además resaltó los antecedentes exitosos de Perú en anteriores ferias del libro en Colombia, Chile y México y que nos sirvieron para ser elegidos como país invitado por el Gremio de Editores de España.



A su vez el embajador peruano en España en conferencia de prensa la mañana de hoy acotó que “en Madrid existe una amplia agenda cultural organizada por la embajada peruana pues al mes realizamos un promedio de dos actividades culturales”. Al ser interrogado sobre como mejorar la salida de producción literaria al exterior señaló que las pequeñas empresas editoriales lo tienen más difícil y la solución sería que se agrupen y así obtendrán beneficios en mercados extranjeros dominados por las editoriales internacionales.


viernes, abril 06, 2007

Entrevista a Susana Baca

"La globalización toma y diluye
un poco lo que son las herencias culturales"


Soy Susana Baca de La Colina. Vivo en Chorrillos, Lima. Soy cantante y ocupo varios cargos en instituciones del Perú y del mundo. Estoy casada con Ricardo Pereyra y no tenemos hijos. Creo en una nueva generación de jóvenes formados políticamente y con vocación de servicio. Soy católica. He venido a Trujillo para recibir una condecoración de la Comisión Brandt.


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Luces peruanas brillan en el exterior de nuestro país. Curiosamente esas luces se opacan al pisar tierra patria a causa de la miopía egoísta que no nos permite valorarlas y quererlas como se merecen. Una de esas destellantes luminarias es Susana Baca quien tras ganar el Grammy –una especie de Oscar para la música- recién vio reconocido su esfuerzo por sus paisanos. Pero antes de ese galardón Susana venía de hacer reventar en aplausos a públicos en grandes escenarios de Europa y Estados Unidos. Sus discos son vendidos en las más importantes tiendas de música del planeta, inclusive por Internet, y es conocida mundialmente como una de las 5 divas del género denominado “World Music” (Música del Mundo) y es que su música parte de sus raíces negras africanas, se transmite por su dulce canto y traduce los colores de su noble alma.
En palabras del español Jesús Quintero “una canción no puede cambiar el mundo pero puede hacerlo más humano, más feliz, más hermoso” y Susana Baca con su música nos humaniza intensamente y cambia nuestra visión del efímero vivir.
“Soy amiga de las aves y del árbol bueno… soy amiga de los niños y del pordiosero…” nos dice Susana en una de sus canciones, a nosotros nos queda agradecerle por hacer patria fuera de ella y pedirle que su gran amistad con la música sea eterna.


@ ¿Para usted qué es la música?
La música es mi vida, es lo fundamental para mí.

@ ¿Es este el mejor momento de su vida?
Yo creo que estoy a punto de lograr algo y creo que con eso ya sería completo y me puedo morir tranquila.

@ ¿Le gusta el calificativo de diva del “World Music”?
Bueno sí, me han puesto eso nombre y siempre se usa el término como para decírselo a una persona un poco fastidiosa o un poco arrogante pero cuando leí en el diccionario que viene de divina me dije, ojalá que yo llegue a ser divina, así que no estoy en desacuerdo pero no soy, creo, una persona arrogante ni mucho menos.

@ ¿Qué cambió en Ud. luego de ganar el Grammy?
Lo único que cambió fue que salir por las calles de mi país me costaba, por ejemplo yo hago mis cosas normalmente y me gusta cocinar y de repente yendo al mercado me demoro mucho más porque la gente me detiene, me quiere abrazar, quiere tomarse fotos conmigo, me dicen cosas muy bellas, es muy bonito. El Grammy me ha traído el reconocimiento en mi país, porque el reconocimiento en otras partes del mundo yo ya lo tenía por mi trabajo de tantos años.

@ ¿Y en qué medida cambió su entorno luego de obtener ese premio?
Tengo mucho menos tiempo para verme con mis amigos, para estar feliz con ellos, porque tengo muchísimo trabajo, ahora mismo acabo de llegar de una conferencia en la UNESCO, antes estuve en un concierto en Cusco, luego tuve otro en Chile, otro en Argentina, después volví a Perú, luego viajé a Bahía, Brasil, donde tuve una semana de conciertos, luego volé a París, ahora estoy en Trujillo, mañana viajo a Ferreñafe. ¿En qué momento veo a mis amigos? ¿En qué momento preparo un arroz para invitarles?

@ ¿Sufrió discriminación alguna vez?
Sí por supuesto.

@ ¿De qué tipo?
Por ejemplo cuando alguien me ha invitado a su casa y he tocado la puerta ha salido el personal o los empleados y me han dicho “¿usted viene a visitar a la señora?, no, tiene que ir por la otra puerta”, cosas así. Y también de niña tenía yo una beca para estudiar música, me la gané y sin embargo esa beca nunca llegó para mí, fue concedida a otra persona.

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@ ¿Y en el Perú cómo ve Ud. la situación de la discriminación racial?
Yo creo que este problema existe, creo que estamos discriminados los que no tenemos el color de la piel blanca, los que tenemos rasgos andinos y negros.

@ ¿Cómo va el Proyecto Niños del Milenio y en el cual Ud. es nuestra embajadora?
Hemos hecho un documental que se empezará a difundir a nivel nacional dentro de unos meses, se ha trabajado intensamente en eso. Es un llamado de atención pero no con el lenguaje político porque yo no soy política, yo no soy una economista y entonces tengo que participar como lo que soy, un ser humano que tiene sensibilidad y por eso es que participo.

@ ¿Ud. también apoya constantemente en otras instituciones, cierto?
Bueno, tengo demasiadas ocupaciones, demasiadas obligaciones en mi país. Pertenezco al Comité Pro Ética, soy de la Comisión de Cultura de Relaciones Exteriores, soy miembro de la Comisión de Patrimonio Cultural del Comité de Honor, y así tengo muchísimas actividades. Hemos hecho un documental acerca de las rutas del esclavo tomando lugares de Bolivia, Chile y Perú, este documental fue hecho para la televisión japonesa y ganó un premio. Estoy también haciendo una campaña con grandes artistas como Bono de U2, Alanis Morissette, Antonio Banderas acerca del comercio justo.

@ ¿Le molesta a Ud. que en el Perú se valore recién a nuestros artistas cuando ganan un premio grande como el que recibió?
Bueno, tiene que venir un hombre desde fuera como David Byrne y decir “escuchen a esta peruana, vale la pena, escúchenla” y recién me escuchan. Reconozco que tengo un público de hace muchísimos años cuando yo recién empezaba, siempre han ido a mis conciertos y ellos son mis amigos y mi público desde antes del Grammy.

@ ¿Cree Ud. que la alienación se está devorando las manifestaciones culturales netamente peruanas?
Hay que tener mucho cuidado porque la globalización toma y diluye un poco lo que son las herencias culturales, entonces hay que tener mucho cuidado en eso. Por eso es hermoso ver el trabajo de nuestros artistas que van hacia la fuente, que van hacia la raíz y de allí que uno parta y haga si quiere fusiones, si quiere cosas contemporáneas, pero no perder la raíz porque sino viene la globalización que es como una gran aspiradora que borra todo.

@ ¿Tiene algún cantante al que admire?
Tengo muchos, creo que fue el 4 de julio, me tocó hacer un concierto en Taormina, Sicilia, fui invitada por el WOM, esta entidad que hace un trabajo de música muy hermosos por el mundo, eran festivales. Al día siguiente me tocó ver el concierto de Peter Gabriel y me encantó su performance, me encantaron sus letras, es un hombre que canta muy político, muy contestatario, me gustó muchísimo.

@ ¿Qué es lo más extraño que le ha sucedido en el escenario?
Lo más extraño fue que en un momento se levantó el telón de un teatro en Lima y se llevó mi micro y no lo encontraba, mi esposo estaba al lado, metido entre bambalinas vio el micrófono arriba y dijo “¡bajen el telón, bajen el telón!”, bajó el telón, cogió el micro y me lo dio.


Valery Bazán Rodríguez
valerybazan@gmail.com

miércoles, septiembre 13, 2006

Kevin Arnold

Los Años Maravillosos




Uno de mis sueños frustrados fue el aprender a tocar el piano, siempre me encantó el sonido de sus cuerdas, la cadencia y la calma de sus olas sonoras en el viento, claro ke también me gustaba Rachmaninoff ke no es muy flemático ke digamos. Pero si hay algo ke me ayudó a entender ke mis sueños y mis tristezas no eran individuales sino universales fue un programa de T.V. , una serie ke marcó la vida de muchos niños y adolescentes de mi generación.
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The Wonder Years o Los Años Maravillosos (en castellano) era la serie ke religiosamente veía una vez a la semana en la primera temporada y todos los días cuando repetían la serie hace algunos años atrás. Todos llevábamos un Kevin Arnold dentro. Todos tuvimos un amor de infancia con el ke nunca nos casamos, todos jugábamos en la calle hasta kedar tan sucios ke mamá nos regañaba. Todos gustábamos de alguna profesora en secreto y todos odiábamo al director del colegio. Nos pegaron y pegamos. Besamos y nos besaron. Porke la verdad es ke para nosotros, esos fueron los años maravillosos...