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viernes, enero 09, 2009

El Irredento Urbanita

Bryce sin Barcelona

Quiero entrevistar a Alfredo Bryce Echenique. Contarle que hace años yo vivía en la misma calle donde él vive actualmente. A diario solía entrar y salir del Jirón Sepúlveda número treinta y cinco, tercera planta, puerta dos, en una habitación de seis metros cuadrados. Deseo tanto decirle que, sin saberlo, he pasado por delante de esos bares donde él solía ir a beber, socializar y, de nuevo, beber.
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Esos bares donde él parió Las obras infames de Pancho Marambio. Hacerle saber que yo vagabundeaba, después de trabajar, por esa poblada vena barcelonesa que es la Gran Vía de Les Corts Catalans. Deseo tanto tener la suerte de mi hermano que le encontró, caminando cogido del brazo de su amada sin huerto, por Las Ramblas e ipso facto provocó en mí una nostálgica envidia. Preguntarle aquello que no debo preguntarle, interrogarle, con desparpajo y sutileza, si en realidad plagió textos de otros autores para construir sus artículos en diarios de gran tiraje. Si es cierto que utilizó con frivolidad y fruición las opciones copiar y pegar para elaborar sus artículos, prometo creerle, a ojos cerrados, lo que usted tácitamente sugiere: que todo fue una venganza de Montesinos y Fujimori, luego me dispondré a canonizarlo en la, hasta ahora, vacía gruta de mi santuario literario y finalmente escribiré en las pistas de Barcelona y Lima, con tiza blanca y arropado con un guardapolvo azul, que todo fue un complot contra el más grande de mis semidioses.
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Pero, volviendo a lo importante, no reparo en decir con sinceridad, que la entrevista no será una pasada de franela como la de la terceraolista Rosa María Palacios a Mario Vargas Llosa. Ni tampoco me atrevería a lanzarle un aluvión de preguntas punzantes al entrañable amante de potentes desayunos ingleses, amiguísimo de sus amigos, eterno mimado Julius y adorable ladrón de recuerdos de infancias propia y ajena, Alfredito Bryce de Mancini de Gerszo, además y también. Le contaría que, al igual que él pero por distintas razones, decidí no tener hijos, hasta nuevo aviso, hasta nuevo salvavidas. No es que no quiera, es que no puedo. Mis espermatozoides responden a los requisitos de paternidad, al menos éso creo, pero mi cuenta bancaria no me lo permite, la cantidad de ceros me limita. También pondría en la mesita de centro, una pregunta estelar, algo que desconozco mayormente. ¿Es leyenda urbana o realidad éso de que llegó a Francia como polizonte en un barco? Le pediría que me muestre una foto de su madre, la cual nunca publicaría, la cual nunca olvidaría. Le pediría me explique cómo ahora, a estas alturas de la vida, se ha dado cuenta que le gusta Madrid y no Barcelona para escribir. No le veo en Madrid, en el Parque del Retiro se sentirá incómodo. Será un poeta más.
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En cualquiera de sus verdes rincones uno da una patada a un poste y caen veinte artistas buscando inspiración. La pelea de duendes estropeará el ambiente, le desconcentrará y las novelas le saldrán descuadradas. ¿Estará aburrido quizás del Parque de la Ciutadella, no le gustará su vista hacia el Arco del Triunfo? El triunfo o el recuerdo del mismo es un incordio para los verdaderos vencedores, una piedra en el zapato de los genios, eso lo explicaría todo. Seguiré buscando la forma de importunarle, la manera de acorralarle, para arrebatarle algunas respuestas, para admirarle en silencio mientras le interrogo, mientras le desmenuzo los adjetivos y le leo entre frases dichas al viento. Seguiré buscando la manera en que, tras esa entrevista imposible, pueda abrazarle como nunca he podido abrazar a mi padre y agradecerle por la infancia que me hizo vivir con unos cuantos libros, cuando yo ya era grande. Quiero entrevistar a Bryce, no sé si podré, no sé si él querrá.
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valerybazan@gmail.com

Publicado el lunes, 25 de agosto del 2008 en www.noticiastrujillo.com en la columna Irredento Urbanita.

martes, diciembre 09, 2008

Irredento Urbanita

Julio 7
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Llevo dos semanas en Trujillo. La primera semana no sentí el sabor de mis comidas favoritas pero he intentado disfrutar de la compañía de mis amigos o eventuales compañeros de almuerzo o cena. Ayer nadie me acompañó por la noche. Mi padre ya estaba en su cama viendo televisión y cenar solo es un atentado contra el apetito. Fui al Oviedo a comer mi postre favorito. Fue el Pecado de Lúcuma más largo de mi vida. Lo comí con los ojos cerrados, lo disfruté. Lo de comer con los ojos cerrados me lo enseñó una gran amiga que tiene mala suerte en el amor. Quizás, además de comer con los ojos cerrados también besa con los ojos cerrados, también ama con los ojos cerrados. Encontré en ese instante una causa para explicar su mala suerte en el amor.
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Sentado junto a la mesa, y acompañado de tres sillas vacías, abro los ojos tras ese trance con la crema de lúcuma y siento que alguien me observa. Era una mujer, roza los cuarenta años, sus dos amigas parlanchinas no paran de hablar sobre temas intrascendentes. Son tres en su mesa pero yo la veo sola. Ella acota al chisme pero sin convicción. Está sola. Mientras muerde lentamente su casi desaparecida hamburguesa detecto que los platos de sus compañeras rebozan de comida, no han probado nada, se han atragantado de palabras. Paso de mirarlas más. Un camarero con un café en la mano, idéntico a Tulio Loza en sus mejores épocas, pasa por mi lado, buenas! me dice y apura el paso. El receptor de ese café es nada menos que el padre de un amigo mío. Don Javier qué tal?, estuve a punto de saludarle. Pero algo me detiene. Es su soledad. Le veo cómodo con La Industria extendida creando un círculo a su alrededor. Estuve a punto de ir a su mesa y acompañarle con un café. Él tiene más de cincuenta años, ¿de qué hablaríamos? Soy tan amigo de su hijo que podría contarle más cosas de Javier hijo que él a mi en todos sus años de padre. Creí conveniente y saludable no saludarlo.
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A diferencia de mí, todos los camareros lo conocen. Pero también está solo, cómodo pero solo. Yo no estoy incómodo, pero tampoco estoy cómodo viendo soledades ajenas. Me siento menos nostálgico pero entretenido, soy un observador empedernido, y en ocasiones un voyeur sin remedio. En este limbo, siento que mirar las soledades de los demás reconforta, de alguna manera mengua la nuestra. Mejor mirar una tragedia que vivirla.
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Cuando vuelvo a casa por la noche oigo a lo lejos la televisión encendida y un ronquido prolongado pero repetido en el cuarto de papá. Apago la luz de la sala que papá había dejado encendida para advertir a los ladrones que hay gente en la sala cuando en realidad no había nadie. Voy a mi cuarto a oscuras, me estrello dos veces, una con una columna y la otra contra la mesa. No me preocupo, soy tan distraído que igual me chocaba si las hubiesen estado encendidas. Tiro mi ropa sobre las maletas contribuyendo al desorden en esa habitación con vista hacia un muro de ladrillos naranjas. No soporto el silencio, prendo la radio, oigo las cursilerías de la locutora de Radio Ritmo Romántica y me gustan. Recuerdo por un instante al padre de mi amigo y a la mujer de amigas parlanchinas, me apiado por un momento de ellos. Apago la luz sin apagar la radio, me gusta dormir así. La locutora anuncia la siguiente canción, se llama Mi soledad y yo. En ese instante comencé a apiadarme de mí.
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Publicado el lunes, 18 de agosto del 2008 en www.noticiastrujillo.com en la columna Irredento Urbanita.

jueves, abril 10, 2008

Galería imágenes Barça-Schalke

SEMIFINAL DE LA CHAMPIONS, LO NO VISTO
BARÇA - SCHALKE
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Data del partido
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Resultado: Barcelona 1 - Schalke 04 0
Fecha: 09 de Abril del 2008
Estadio: Camp Nou (Barcelona)
Resultado de ida: Schalke 04 0 - Barcelona 1
Asistencia: 72 113 espectadores (5 mil fueron alemanes)
Árbitro: Roberto Rosetti (Ita)